2. Leyes de interpretación

Índice

La Biblia es su propio intérprete

¿Cómo podemos poner en práctica esta ley?

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Despojarnos de presuposiciones

Todos tenemos presuposiciones que nos hacen interpretar un texto de una u otra manera. Tienen que ver con el significado que se le da en nuestro contexto a ciertas palabras y frases, con las costumbres sociales a las que estamos acostumbrados, con nuestros valores, con las enseñanzas que recibimos sobre el tema, con lecturas previas del autor y un sinnúmero de cuestiones que podríamos agregar. Sin embargo, al interpretar la Biblia es fundamental dejar que el texto hable, evitando imponer nuestras creencias, tradiciones y suposiciones sobre el mismo.

La Biblia y su autoridad como Palabra de Dios deben estar siempre por encima de toda interpretación humana. No debemos forzarla a decir lo que queremos, por más que vaya en contra de lo que nos gustaría que diga o de lo que siempre creímos que era la verdad. Por eso, debemos leerla con la mente abierta, dispuestos a dejar de lado todo lo que creíamos saber del tema hasta entonces. De todos modos, es útil recurrir a las explicaciones de siervos de Dios reconocidos que la han estudiado a fondo y pueden ayudarnos a comprender mejor el texto bíblico.

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Buscar otros versículos

Para entender un texto tenemos que buscar otro que hable del mismo tema. Un pasaje sirve para aclarar otro. Comprenderemos mejor consultando una parte con otra, comparando lo que dijo Dios en un momento con lo que dijo en otra ocasión.

Analicemos estos ejemplos: En cada caso, el primer versículo es explicado por el segundo.

Caso 1

“Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. Él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.” (Juan 4:31-32) ¿A qué comida se refería Jesús?

“Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.” (Juan 4:34). No se refería al alimento físico sino a lo que alimentaba su alma, lo que lo hacía sentir satisfecho.

Caso 2

“Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre.” (Juan 16:16) ¿De qué estaba hablando Jesús?

“Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.” (Juan 14:19). Cuando resucitó solo lo vieron sus seguidores.

Caso 3

“En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.” (Génesis 22:18) ¿De qué simiente (semilla o descendiente) estaba hablando?

“Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.” (Gálatas 3:16). Aquí deja claro que se refería a Cristo.

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No agregar ni quitar nada

La Biblia es clara en este sentido. Veamos unos textos:

Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.” (Apocalipsis 22:18-19).

“No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno.” (Deuteronomio 4:2).

En estos versículos de la Biblia se enfatiza que no se le puede añadir, ni quitar a lo que está escrito.

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Pedir la guía del Espíritu Santo

Por otra parte, el Espíritu Santo, quien inspiró la Biblia, nos enseña a entender lo espiritual: “lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.” (1 Corintios 2:13). Jesús les dijo a sus discípulos: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” (Juan 14:26).

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Preferir la interpretación literal

Hay dos maneras de entender un texto: considerar que lo que dice es literal o que habla figuradamente.

  • ¿Literal o figurado?
  • ¿Cómo se puede saber que cierto texto usa lenguaje figurado?
  • Elegir la interpretación más natural.

¿Literal o figurado?

Literal: Es el significado primero de las palabras, no buscar un segundo sentido. Si dice “Me muero de hambre” entender que se está por morir por pasar tanta hambre. En cambio, un significado figurado sería que tiene mucha hambre, pero su vida no corre peligro.

Una interpretación literal es fiel a la letra del texto, al sentido exacto y propio de las palabras. Se apega al sentido original de las palabras.

Figurado: Entender el sentido figurado o lenguaje figurado es interpretar una palabra o una frase de modo metafórico, creativo o “en clave”. Muchas veces, el autor no quiere expresar lo que las palabras dicen literalmente, sino hacer que el lector entienda algo por medio de su relación con otra cosa, acción o imagen. Por ejemplo, cuando alguien dice: “Su habitación es un basurero”, “Me morí del susto”, “Esa oficina es un nido de serpientes” se debe interpretar las palabras en forma figurada.

Al leer la Biblia debe considerarse que lo que dice es literal, a menos que el contexto o las condiciones del caso hagan que tal interpretación sea imposible o poco probable.

Un texto puede entenderse literal o figuradamente. Por ejemplo, cuando dice: “Jesús lloró” (Juan 11:35) está contando algo que sucedió realmente. Igualmente, en el versículo que dice: “…vino a ellos andando sobre el mar” (Mateo 14:25) también narra un suceso real, aunque sea difícil de aceptar para los que no creen que Jesús es Dios y puede hacer milagros. En ambos casos debemos interpretarlos literalmente.

Sin embargo, en el pasaje: “…toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.” (Génesis 6:12) la palabra carne se usa en lugar de “persona” y camino se utiliza en lugar de “modo de proceder”. En este caso, entonces, se entiende figuradamente.

¿Cómo se puede saber que cierto texto usa lenguaje figurado?

  1. Si el mismo texto dice que es lenguaje figurado. Marcos 4:34 (parábola); Juan 16:25 y Gálatas 4:24 (alegorías); 2 Pedro 2:22 (proverbio) y muchos más.
  2. Si el sentido del contexto lo indica. Por ejemplo, Lucas 12:32 cuando dice “manada” no es literal, no le habla a un grupo de animales. Por el contexto nos damos cuenta de que se refiere a sus seguidores.
  3. Si el significado literal indica una imposibilidad. Por ejemplo, cuando Jesús dice a sus discípulos: “Vosotros sois la sal de la tierra.” (Mateo 5:13).
  4. Si el sentido literal contradice otro texto. Cuando Jesús les dice a los apóstoles: “el que no tiene espada, venda su capa y compre una.” (Lucas 22:36b) no estaba hablando literalmente, aunque ellos así lo entendieron. Era una manera de expresar cómo cambiaría la situación, poniéndose peligrosa. Si leemos todo el pasaje lo entenderemos: “Y a ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, sin alforja, y sin calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: Nada. Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y compre una. Porque os digo que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y fue contado con los inicuos; porque lo que está escrito de mí, tiene cumplimiento. Entonces ellos dijeron: Señor, aquí hay dos espadas. Y él les dijo: Basta.” (Lucas 22:35-38). Queda más claro viendo la reacción de Jesús cuando Pedro corta la oreja al siervo del sumo sacerdote: “Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja. Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán.” (Mateo 26:51-52). Así que no podemos sacar como conclusión que Jesús los alentó a usar la violencia (espada) porque vemos que al llegar el momento les enseñó lo contrario, además contradice lo que dijo en Lucas 6:29 “Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues.”
  5. Por medio del sentido común porque usamos el lenguaje figurado todo el tiempo en nuestro propio idioma. En Hechos 27:13 dice: “Y soplando una brisa del sur”. Entendemos por sentido común que no había nadie soplando, es una metáfora.

No olvidemos que la misma Biblia nos ayuda a interpretarla. Cuando Jesús dijo: “El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.” (Juan 6:56) no hablaba literalmente. Eso lo explica más adelante “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.” (Juan 6:63).

Elegir la interpretación más natural

Entre dos interpretaciones igualmente posibles, debe escogerse la más natural y evidente. El Espíritu Santo nos guiará si pedimos su dirección.

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.” (Juan 16:13).

“Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.

Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.” (1 Corintios 2:9-16).

No sacar las palabras de contexto

Hay una frase muy conocida que dice: “Un texto fuera de contexto se convierte en un pretexto”.

  • No tomar versículos sueltos.
  • Elegir el significado según el contexto.
  • Tener en cuenta el propósito del texto.

No tomar versículos sueltos

Esto quiere decir que no podemos interpretar un texto sacándolo del significado en la frase, versículo, capítulo o libro donde se encuentra. No se deben tomar versículos sueltos para armar una doctrina o apoyar una idea.

Por ejemplo, el texto “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13) no asegura que Dios me hará ganar toda competencia deportiva, ni que puedo obtener lo que quiera, ni que soy un súper héroe capaz de vencer cualquier tentación. Más bien, es el testimonio de un siervo de Dios que podía vivir en una situación de escasez o de abundancia sin renegar de Dios, porque Cristo lo fortalecía. Por eso, debemos esforzarnos para ganar la victoria, someter nuestro cuerpo y ponerlo en servidumbre para que no nos gobiernen las pasiones (1 Corintios 9:27), velar y orar para no caer en tentación, no esperemos que todo lo haga Cristo (Mateo 26:41), ni tener más alto concepto de nosotros mismos: podemos caer (Romanos 12:3). Yo no puedo conseguir “todo” lo que deseo, sino lo que el Señor ha preparado para mí, lo que él planeó, aquello para lo cual me diseñó y capacitó. Él cumplirá su propósito en mí (Salmos 138:8).

Otro ejemplo, cuando dice: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (2 Corintios 8:9) no significa que los cristianos seremos ricos materialmente.

Elegir el significado según el contexto

Muchas palabras tienen diferentes significados y para elegir el más pertinente hay que considerar el contexto en el cual se utiliza.

La palabra fe

Por ejemplo, la palabra fe en un texto puede significar una cosa y en otro relato, otra. Veamos los siguientes versículos:

“confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.” (Hechos 14:22).

“solamente oían decir: Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo asolaba.” (Gálatas 1:23).

En estos ejemplos la palabra fe significa creencia, la doctrina del evangelio.

En cambio, cuando dice: “por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” (Hechos 17:31) dar fe significa “prueba” o “demostración”.

En el pasaje: “Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado.” (Romanos 14:23) el significado es “convicción” del deber cristiano.

La palabra hija

La palabra hija puede tener distintos significados según el contexto.

En Génesis 24:24 se utiliza con el significado usual. Rebeca responde que es hija de Betuel porque él es su padre.

Pero en la Biblia a veces se emplea la palabra hija de forma figurada para referirse a personas con una cualidad característica de otra mujer. En 1 Pedro 3:6 a las esposas que se someten a sus maridos se les llama “hijas” de Sara, porque siguen su ejemplo.

Es común en el Antiguo Testamento emplear la palabra hija en forma metafórica, para referirse a una ciudad o nación. El Señor por boca del profeta Isaías llama “hija de Tarsis” e “hija de Sidón” a las naciones que habitaban en dichas ciudades (Isaías 23:10 y 12) por el profeta Jeremías llama “Hija de Babilonia” a la nación babilónica (Jeremías 50:42). La frase “hijas de Sión” (2 Reyes 19:21) o “hijas de Jerusalén” (Isaías 37:22 y 62:11) se utiliza para referirse a la nación de Israel, enfatizando la relación amorosa y paciente que Dios tiene con Su pueblo elegido.

Tener en cuenta el propósito del texto

Especialmente, cuando se trata de palabras o expresiones oscuras (difíciles de entender) debe tomarse en cuenta el propósito del libro o pasaje en que aparecen. Haciendo esto desaparecen las aparentes contradicciones.

Estos dos pasajes dan la impresión de que enseñan lo opuesto:

“Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.” (Romanos 3:28).

“Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. (…) Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.” (Santiago 2:17 y 24).

En el primer pasaje Pablo combate el error de los que confiaban en las obras de la Ley como medio de justificación, rechazando la fe en Cristo. En el otro, Santiago combate el error de los creyentes desordenados que descuidan o rechazan las buenas obras.

La explicación es que somos justificados ante Dios por la fe (no por cumplir con la Ley de Moisés) y ella se demuestra delante de los hombres por medio de las buenas obras.

Considerar si es un mensaje particular o general

Hay que tener bien claro antes de tomar un pasaje de la Biblia para apoyar una enseñanza, a quién va dirigido.

  • Promesas individuales o generales.
  • Principios universales o específicos

Promesas individuales o generales

Debemos preguntarnos: ¿La promesa es para una persona o para todos?

Por ejemplo, cuando leemos: “… yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.” Nos gustaría tomar esta promesa para nosotros, pero entonces significa que el resto del pasaje nos está hablando a nosotros y no específicamente a Abram. Leamos el texto completo:

“Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande. Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer? Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa. Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará este, sino un hijo tuyo será el que te heredará.” (Génesis 15:1-4)

Está claro que se trata de una promesa individual, para Abram.

En cambio, esta otra promesa es para todos los que creen en Jesús: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.” (Juan 7:38-39).

Principios universales o específicos

En la Biblia existen principios generales y eternos, pero también otros para una situación específica y temporal.

Veamos el consejo que da Pablo a Timoteo: “Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades.” (1 Timoteo 5:23). No lo podemos aplicar en la actualidad, ni mucho menos usarlo para justificar el abuso del alcohol.

En esa época no había agua potable, tampoco medicamentos de venta libre para facilitar la digestión o combatir la acidez estomacal, entonces era válido tomar vino en vez de agua contaminada que provocaba diarrea u otras enfermedades, o para ayudar a la digestión.

Es necesario ubicar el contexto histórico y geográfico en que se escribió.

Respetar los principios bíblicos

Rechazar la interpretación que se oponga los principios bíblicos:

  • Si se opone al tema central: Cristo.
  • Si va en contra de los Diez Mandamientos.

Si se opone al tema central: Cristo.

En la Biblia corre un tema común: Jesucristo. Por lo tanto, nunca un pasaje lo contradice.

Cristo es el tema común y toda interpretación debe hacerse con Cristo en la mente. Por ejemplo, Pablo dice: “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.” (Filipenses 4:12). Si tenemos el prejuicio de los amigos de Job (si no eres bendecido económicamente estás en pecado), entonces diremos que Pablo seguramente era un pecador. Pero si recordamos que Jesús enseñó la humildad y a buscar en primer lugar el Reino de Dios, entonces no tenemos problema en aceptar que el apóstol Pablo era un siervo de Dios entrenado para soportar cualquier situación.

Todo lo que esté de acuerdo con el pensamiento de Cristo es aceptable. En cambio, lo que se opone a su enseñanza debe ser rechazado. Debemos enfatizar lo esencial y dejar que el Espíritu Santo nos ayude a entender lo que nos parezca más difícil por el momento.

Si va en contra de los Diez Mandamientos

Ningún texto puede oponerse a la ley fundamental escrita por Dios mismo. Por eso debemos tenerlos siempre presentes:

“Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: 2 Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.

No tendrás dioses ajenos delante de mí.

No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. 5 No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 6 y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.

Acuérdate del día de reposo[a] para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo[b] para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo[c] y lo santificó.

Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.

No matarás.

No cometerás adulterio.

No hurtarás.

No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.”

Éxodo 20:1-17

Conclusión

No esperemos siempre comprender todo, solamente lo lograremos al llegar al Cielo.

“Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.” (Deuteronomio 29:29) “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?” (Romanos 11:33-34) “Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.” (1 Corintios 13:12)

Por último, recordemos las palabras: “El conocimiento envanece, pero el amor edifica. Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo. Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él.” (1 Corintios 8:1b al 3).